vivir desde el corazón

 

Todavía hoy se me hace difícil responder con sencillez cuando me preguntan en qué consiste la terapia Gestalt. Hace unos días, mientras tomaba unas cañas con unos conocidos me sorprendí con una respuesta que no recuerdo haber dicho antes; la terapia Gestalt te enseña a vivir desde el corazón. A lo que uno de ellos me dijo: “Vivir desde el corazón es solo una frase bonita que no significa nada”. Este post nace de lo que dije y no dije después de ese comentario…

Vivir desde el corazón es un trabajo de orfebrería fina, una tarea altamente compleja que se va consiguiendo sólo en la medida en que logramos darnos cuenta de cuan cerrado lo tenemos.

Lamentablemente es así. Eso que nos pensamos que somos, son en gran medida  nuestras defensas emocionales. Toda una suerte de estrategias que nos  protegen de la frustración y el dolor, construidas como respuesta a la negación, al castigo y a la desatención que se ha hecho de nuestros impulsos genuinos y de nuestras necesidades básicas.

Vivir desde el corazón no nos hace más fuertes ni más sabios. Al contrario, nos hace más vulnerables, más expuestos por menos defendidos. Sí más libres, más genuinos y sin duda más felices. Una felicidad sencilla; la de satisfacer lo que somos y lo que necesitamos, estando con quien queremos estar y haciendo lo que queremos hacer.

Pueden pasar años de búsqueda interior para que el corazón alcance la confianza y la osadía de abrirse por un breve espacio de tiempo. Destellos de lucidez en que nuestro Ser encuentra un resquicio para asomarse a través de nuestra acorazada personalidad y que nos hacen conscientes de que nada tiene que ver vivir desde el corazón con vivir acorazado.

Después de una experiencia, o de las suficientes como para constatar que no se trató de un estado alterado sino del Yo real ocupando el lugar que le corresponde, uno ya no quiere seguir viviendo de otro modo, porque cuando se probó el sabor de Ser ya no se olvida ni se confunde.

Pero vivir desde el corazón no es como llegar a la cima de una montaña, que una vez ascendida ya es nuestra. Es un trabajo cotidiano, de conciencia, de intención y de coraje que a veces logramos y otras no.

Bajo mi punto de vista, este ha de ser el objetivo último de cualquier terapia que se precie y desde luego de la terpaia Gestalt lo es.

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