darse cuenta interno

Llamamos darse cuenta interno a la inestimable capacidad de ver, de identificar, de pillar in fraganti todo aquello que acontece en nuestro cuerpo – sensaciones físicas, pensamientos y por supuesto emociones. Impulsos, deseos, necesidades, temores. Ese cosquilleo en la tripa cuando hablo con ese chico, la incomodidad que me hace evitar esa calle, ese bar… El enfado que me invade, aunque me joda, cuando no consigo lo que quiero.

El darse cuenta interno requiere poner la mirada en una misma, auto observarse, pero sobre todo requiere honestidad, darse permiso a que nos pase lo que nos pasa.

El mayor enemigo de la conciencia es juzgarnos y castigarnos por lo que nos ocurre. Cuando algo nos parece reprochable ponemos en marcha una suerte de mecanismos (de defensa) para evitar o reprimir que emerja a la conciencia.

Eso no significa que no ocurra o que no tenga consecuencias, únicamente que las consecuencias se manifiestan en forma de reacciones incontroladas – lo que no sale por la boca sale por el culo, que decía mi terapeuta -, de somatizaciones – doleres de cabeza, cansancio, ansiedad, ulceras -, o emociones desagradables – tristeza, apatía, insatisfacción - que tratan de llamar nuestra atención hacia lo que no queremos escuchar.

Abrirnos a nuestro mundo interno en todo su esplendor es un paso de gigante hacia el autorrespeto y por tanto un ingrediente imprescindible para una sólida felicidad.

Darnos cuenta de lo que acontece en nuestro interior momento a momento, es indispensable para dar una respuesta saludable a lo que somos y a lo que necesitamos. Decir si cuando queremos decir no, decir no cuando queremos decir si… ¿A dónde nos lleva eso? ¿y, como cambiarlo si nosotras mismas no nos damos el derecho a sentir lo que sentimos, a pensar lo que pensamos?

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