veo, pienso, imagino...

El filósofo indio J.Krishnamurti dijo en cierta ocasión que observar sin evaluar es la forma suprema de la inteligencia humana.

Aunque yo no aspiro a tan elevado estado, si me parece importante saber, cuanto menos, diferenciar entre lo que vemos y lo que interpretamos. Veo, pienso, imagino…son palabras bien distintas que sin embargo se nos confunden más habitualmente de lo saludable,  intoxicando nuestras relaciones.

Nuestra mente busca explicación para todo aquello que queda abierto. En su afán de entender hace asociaciones, construye relaciones y genera conclusiones. Para ello se sirve de lo único que tiene: las experiencias previas  y las defensas caracterológicas.

“No me aceptaron por que la chica se murió de envidia al ver mi currículum” – dice el narcisista.

“Se ha retrasado 15 minutos…ya no vendrá” – piensa el pesimista.

“Se ha retrasado 15 minutos…¡Se hace el interesante porque le gusto!” – sentencia el optimista.

Todo lo que percibimos despierta algo en nosotros. El asunto no es que no interpretemos, opinemos o evaluemos lo que percibimos, eso es casi imposible, sino que tengamos claro qué es la realidad, qué son nuestras reacciones frente a las cosas y qué, simplemente, suposiciones.

Dar a cada cosa su sitio es dejar la puerta abierta a la duda. Es explorar la realidad un poco más a fondo antes de decidir o sentenciar.

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